Soy la persona detrás de la Comunidad Antiinflamatoria y del Método SACIA — y antes de contarte lo que hago, quiero contarte por qué lo hago.
La niña que no hablaba
De pequeña era extremadamente tímida. No saludaba por la calle por vergüenza, no entraba sola a las tiendas porque tenía que hablar, no contestaba en clase para que no se oyera mi voz. Un día escribí un poema y la profesora me eligió para leerlo el día del maestro. Lo leí tan bajo que me lo arrancó de las manos: «lo va a leer otra niña». Ahí decidí empezar a cambiar. Hoy, con 135k personas siguiendome en Instagram, sigo pensando en esa niña cada vez que grabo un vídeo.
Media vida a dieta, la otra mitad pensando que debería estarlo
De pequeña odiaba comer, y eso hizo sufrir mucho a mi madre. En la adolescencia empecé a ganar peso y entré en el ciclo de dietas de mi madre: 1200 calorías, batidos, dietas disociadas, dietas de puntos. Así hasta los 35 años. Nunca me sentí delgada aunque estuviera en un peso normal — hinchazón constante, gases, pensando en la siguiente comida antes de terminar la actual. Lo normalicé durante años, asumiendo que «mi cuerpo era así».
El giro llegó cuando vi que el problema seguía incluso en mi peso objetivo. Dejé de contar calorías y empecé a investigar la inflamación de verdad. De ahí nació lo que hoy es el Método SACIA.
Formación real, sin inventar títulos
Prefiero decirte esto claro: no soy nutricionista clínica ni tengo un título reglado en alimentación antiinflamatoria. Mi especialización en este campo es autodidacta, construida sobre mi propia experiencia y sobre referentes del sector — no sobre un papel.
Mi formación sí incluye:
- Empresariales
- Máster en Marketing Digital / investigación de mercados
- Asesora de lactancia
- Asesora de Baby-Led Weaning (alimentación complementaria)
Hablo español e inglés de trabajo, me defiendo en italiano y francés, y he vivido en China y en Holanda.
Por qué monté la Comunidad Antiinflamatoria
Sola solo podía llegar a un número limitado de personas. Así que empecé a formar a otras asesoras para replicar el método, apoyada en una estructura de network marketing — todos salen ganando. Pero para mí no es solo un programa: es sentido de pertenencia. Resolver dudas, desahogarse, compartir progresos, celebrar resultados.
Al principio pensaba que había que estar conectada 24/7 con cada clienta — lo hacía todo yo sola: crear programas, vender, hacer seguimiento. Hoy sé que lo que de verdad ayuda no es la disponibilidad constante, sino un proceso claro y las herramientas correctas.
Los miedos que no escondo
Antes de lanzar el método, mi miedo era que la gente no tuviera disciplina para seguirlo. Resultó ser justo al revés: a quien más ha sufrido le resulta más fácil. Al emprender tuve síndrome del impostor — «vengo del marketing corporativo, ¿qué va a pensar la gente?». Pero el miedo que más pesaba de verdad no era el «qué dirán»: era no volver a un trabajo por cuenta ajena, no volver a tener jefe, no dejar de ver a mis hijos por horarios.
No hablo de sacrificio por lo que dejé atrás. Fue coste de oportunidad, sin dramatismo.
Lo que he aprendido por el camino
El error que no repetiría: querer ayudar a todo el mundo. Hay que ser selectiva con la energía — no todo el mundo está en el punto de poder recibir ayuda, ni de salud ni de negocio. Por eso pasé del acompañamiento 1 a 1 a un programa grupal: el 1 a 1 tiene techo; el programa estructurado llega a más personas, con precios más accesibles, sin perder calidad de acompañamiento.
Hoy
Llevo más de 4 años acompañando a la Comunidad Antiinflamatoria.
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